Las definiciones de resiliencia son varias, sin embargo, rescatando las palabras de Ascensio-Martínez, Magallón-Botaya y García-Campayo (2017) podemos resumir que esta “se caracteriza por un afrontamiento efectivo de los eventos estresantes, por la capacidad de resistir a la destrucción, es variable a lo largo del tiempo; aunque implica un efecto duradero, es fruto de un proceso dinámico, y depende de las características específicas de las situaciones estresantes y de los individuos, así como de la interacción de la persona con su entorno” (p.233).

De acuerdo a lo anterior, ser resiliente se relaciona con la capacidad que tenemos para enfrentar eventos estresantes que pueden ocurrir de manera cotidiana. Sin embargo, en ocasiones las demandas del ambiente rebasan nuestra capacidad de acción y es probable que nuestra capacidad de resiliencia también se vea superada por estos eventos, los cuales pueden tener un impacto psicológico negativo en nosotros y provoquen respuestas como estrés, ansiedad, depresión, etc., incluso también se puede observar un impacto físico negativo que puede generar algunos síntomas o enfermedades. 

Para desarrollar nuestra capacidad de resiliencia podemos apoyarnos en los siguientes consejos que ofrece la Clínica Mayo (2020):

  1. Conéctate. Construir relaciones fuertes y positivas con los seres queridos y amigos puede darte el apoyo y la aceptación que necesitas en momentos buenos y malos. Establece otras conexiones importantes ofreciéndote como voluntario o participando en una comunidad religiosa o espiritual.
  2. Haz que cada día tenga sentido. Haz algo que te dé una sensación de logro y propósito todos los días. Establece metas que te ayuden a mirar hacia el futuro con sentido. Considera que las metas deben ser pequeñas para poder lograrlas.
  3. Aprende de la experiencia. Piensa en cómo has afrontado las dificultades en el pasado. Recuerda las habilidades y estrategias que te ayudaron en los momentos difíciles. Incluso podrías escribir sobre experiencias pasadas en un diario para ayudarte a identificar patrones de comportamiento positivos y negativos, y guiar tu comportamiento hacia el futuro.
  4. Mantén la esperanza. No puedes cambiar el pasado, pero siempre puedes mirar hacia el futuro. Aceptar e incluso anticipar el cambio hace más fácil adaptarse y ver los nuevos retos con menos ansiedad.
  5. Cuídate. Atiende tus propias necesidades y sentimientos. Participa en actividades y pasatiempos que disfrutes. Incluye actividad física en tu rutina diaria. Duerme lo suficiente. Sigue una dieta saludable. Practica el manejo del estrés y técnicas de relajación como yoga, meditación, visualización dirigida, respiración profunda o la oración.
  6. Sé proactivo. No ignores tus problemas. En cambio, averigua lo que hay que hacer, haz un plan y toma medidas. Aunque puede llevar tiempo recuperarse de un gran contratiempo, un evento traumático o una pérdida, debes saber que tu situación puede mejorar si trabajas en ello.

Ser resiliente requiere tiempo y práctica, no te desesperes. Sin embargo, si observas que no estás progresando, o no sabes por dónde empezar, considera la posibilidad de hablar con un profesional de la salud mental para recibir orientación sobre cómo desarrollar tu capacidad de afrontamiento.

 

Psic. Ariana González Trejo. 

Orientación Psicológica
Programa de Éxito Académico y Profesional (PEAP)

Referencias.

Asencio-Martínez, A., Magallón-Botaya, R. & García-Campayo, J. (2017). Resiliencia: impacto positivo en la salud física y mental. International Journal of Developmental and Educational Psychology INFAD Revista de Psicología, 2 (1), 231-242.

Mayo Clinic. (27 de octubre, 2021). Resiliencia: desarrolla habilidades para resistir frente a las dificultades. Recuperado el 16 de septiembre del 2021 https://www.mayoclinic.org/es-es/tests-procedures/resilience-training/in-depth/resilience/art-20046311


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